LA INFLUENCIA DE LA IMAGEN CORPORAL EN NUESTRA SEXUALIDAD

07/01/2019

A las personas nos importa (en mayor o menor medida) nuestra imagen y apariencia física. Con la llegada del calor, o después de las fiestas navideñas, mucha gente corre a apuntarse al gimnasio o a practicar deporte para lucir tipo o bajar esos excesos.

Querer cuidar nuestra salud haciendo deporte y llevando una buena alimentación es saludable y necesario para nuestro organismo, sin embargo el “pero” comienza cuando este estilo de vida saludable se convierte en una obsesión, se lleva al extremo... o sólo lo hacemos en determinadas épocas del año sin una continuidad; es decir, cuando comienzan las preocupaciones excesivas y nos bombardean por todas partes con mensajes como “llega el verano y tienes que lucir una silueta ideal…” y el objetivo final no es la salud, sino lucir el cuerpo “perfecto”.

 

Pero ya no es sólo mantener nuestro peso ideal para sentirnos bien, desde pequeños nos bombardean con imágenes de “ideales” de belleza que no encajan con prácticamente ninguna persona: tener un pelo bien cuidado y abundante, una sonrisa blanca y perfecta, nada de celulitis, simetría facial (o corporal), hombres musculosos y definidos, mujeres muy delgadas pero con culo y pecho exuberantes,…

Muchas personas se comparan con estos cánones de belleza y rechazan su propia imagen corporal por no ajustarse a estos requisitos. Y rechazar tu imagen corporal es un problema, nunca vas a estar satisfecho con tu cuerpo, lo que te llevará a un estado de autoexigencia y emocional negativo.

 

 

El rechazo a la propia imagen corporal provoca muchas difucultades tanto en hombres como en mujeres, entre las más destacadas:

 

  • Te impide disfrutar de ti y de situaciones placenteras y relajantes porque no puedes dejarte llevar por el momento, vas a estar más pendiente de tu imagen que de disfrutar el instante.

  • Te hace usar un lenguaje negativo hacia ti mismo. Cuando surgen pensamientos negativos sobre nuestra imagen corporal como “tengo el culo muy gordo”, “no estoy lo suficientemente definido”, “estoy llena de estrías o de celulitis”,… nos vamos dilapidando nuestra autoestima. La autoestima es muy importante ya que es uno de los ingredientes más importantes en nuestro desarrollo personal y de nuestro bienestar emocional. La autoestima fluctúa, no vamos a tener una autoestima elevada siempre, puede haber situaciones o momentos vitales donde pueda estar baja. Aunque cuando esto sucede es importante mantenerla dentro de unos límites y que cuando baje, seamos capaces de trabajar en ella y reforzarla.

  • Te presiona a un ideal estético que relaciona delgadez y belleza con éxito, satisfacción y autoestima.

  • Sobrevalora la apariencia física y la necesidad de aprobación de los demás, porque la aprobación social es la que cobra mayor importancia, más que la que realmente importa... la propia.

  • Crea una imagen corporal distorsionada que abre la puerta a graves problemas (trastorno de conducta alimentaria (TCA), trastorno dismórfico, vigorexia,…)

  • El problema no es la apariencia exterior, sino vivir el cuerpo como un fracaso o una vergüenza.

  • Desata exigencias sobre cómo “debe” ser tu cuerpo, algo en lo que contribuye nuestra sociedad día a día con esos cánones de belleza casi imposibles.

  • Evitas situaciones o tratas de camuflarte; esto provoca que las relaciones sociales se vean influenciadas por el cómo te ves.

  • Cuanto menos satisfecho/a con tu cuerpo menos deseas disfrutar de las relaciones sexuales. Ahora vamos a centrarnos un poco más en este punto.

 

    CÓMO SE VE AFECTADA LA SEXUALIDAD

     

    Ya hemos visto que el cómo nos vemos físicamente afecta mucho a las relaciones sexuales, y tiene todo el sentido. Si no nos gusta nuestro cuerpo o no nos vemos atractivos, nuestras relaciones se van a resentir porque no vamos a estar del todo cómodos, esto va a dificultar que nos soltemos  o nos desinhibamos con lo que no disfrutaremos nada.

     

    Cuando no estamos del todo a gusto con nuestra imagen corporal y vamos a tener relaciones sexuales con alguien, procuramos no colocarnos en determinadas posturas en las que creemos que no vamos a estar muy favorecidos (alguna donde nuestro pecho parezca más caído, una posición donde se marquen mejor los músculos, u otra postura donde no se vea nuestro culo si no nos gusta). Esta inseguridad hace que terminemos haciendo malabares en la cama y tapándonos con la sábana para que nuestra pareja no nos vea.

    Esta inseguridad hace que no te quites toda la ropa, con lo que no te permites disfrutar de los besos y las caricias por todo tu cuerpo. Esta inseguridad causa que repitamos las mismas posturas una y otra vez, por lo que nuestros encuentros eróticos pueden llegar a resultarnos aburridos. Esta inseguridad hace que  te pierdas muchísimas cosas muy placenteras ya que no vas a estar abiert@ a experimentar cosas nuevas.

     

     

    Hay que meterse en la cabeza que todos los cuerpos, independientemente de cómo sean, pueden dar y recibir placer, todos, no sólo las personas atractivas.

    Con respecto a tu pareja, si esta ahí es porque te ha escogido y quiere estar contigo, conoce tu cuerpo y no le importa cómo sea.

    Hay que pensar que si estamos más preocupados de taparnos, o apagar las luces para que no nos vean, poniendo una postura forzada, etc. ... al final estamos generando una situación incómoda donde no vas a estar a gusto, sino tens@. No vas a dejarte llevar y no vas a estar pendiente del placer (ni del tuyo, ni del de tu pareja ni del de nadie), todas estas maniobras van a resultar más incómodas que el que te vea tu pareja, porque al fin y al cabo te va a ver igual.

     

    Cuando no estamos a gusto con nuestro cuerpo lo rechazamos, no lo tocamos, no nos masturbamos, no aprendemos a conocernos, no aprendemos a estimularnos, no aprendemos a tener orgasmos. Esto es crucial ya que ayuda mucho el conocernos y saber lo que nos gusta en la cama y lo que no, lo que nos excita, lo que nos lleva al orgasmo... además que nos da autoestima (por raro que os parezca).

     

    Hay que QUERERSE, soltarse, aceptarse y empezar a actuar; si nos cuesta mantener relaciones con la luz encendida, pues podemos poner unas velas (que su luz favorecen a todos); si no queremos quitarnos toda la ropa... pues nos ponemos algo sexy o de lencería y nos lo dejamos hasta el final (como un sujetador bonito)... pero siempre trabajando nuestra autopercepción a parte, y si nos cuesta siempre podemos acudir a un profesional para que nos ayude.

    Así que... ¡Menos operación bikini y más operación autoestima!

     

     

     

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    Ruth Canchales
    Sexóloga y Terapeuta de parejas
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